Fernando Zunzunegui

wall13 El pretexto de la crisis financieraLa regulación financiera no está rota, pese a lo que diga el Secretario del Tesoro Henry Paulson y los demás propagandistas de la crisis. Lo que se ha roto es la confianza en la autorregulación de la industria financiera, por sus excesos y malas prácticas. Ante la pasividad de los supervisores desarrollaron productos financieros desvinculados de la economía real. En lugar de dedicarse a asignar el ahorro a la inversión y a gestionar riesgos, multiplicaron el apalancamiento, crearon riesgo, convirtiendo a sus empresas en máquinas de generar comisiones.

El subgobernador del Banco de España, José Viñals, señala como responsables de la crisis a prestatarios y prestamistas, intermediarios e inversores, junto a empresas de rating y supervisores de otros países. Un totum revolutum que hace compartir a todos lo que es responsabilidad de unos pocos. Los bancos centrales y los tecnócratas de Basilea abonaron el terreno. Al ofrecer dinero fácil y permitir a los bancos sacar del balance sus riesgos crearon el caldo de cultivo. Pero las malas yerbas son fruto de la avaricia de algunos banqueros. Los hipotecados y los inversores en productos estructurados son meras víctimas. Se dejaron engañar por aquellos en los que habían confiado, muy a su pesar. Convertirles en culpables raya en la perversidad.

La regulación financiera nos indica los pasos a dar en las crisis bancarias. Se debe ayudar a los bancos con dificultades transitorias de liquidez. Ante gestores ineptos o deshonestos se debe intervenir en la gestión de las entidades. Y ante la gravedad de la crisis, se dará el paso de reestructurar la gran banca, tomando el control del capital para su devolución al sector privado una vez saneada.
Sin embargo, bajo el pretexto de una crisis financiera, se aprovecha para ofrecer ayuda a quienes han causado el problema, pero sin aplicar las soluciones técnicas previstas en la legislación financiera. Se les da un cheque en blanco, sin control y sin transparencia.

Se debe evitar que la crisis sirva de pretexto para tapar agujeros y prorrogar negocios inviables. La transparencia no tiene que ser sustituida por la opacidad ni la técnica por la mala política. No todo vale. Hasta se propone una amnistía para los que acumulan billetes de 500 euros en sus cajas fuertes, llamados, se dice, a salvar a la banca necesitada de liquidez. ¿Hasta donde podemos llegar?

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