La salud financiera permite a las personas gestionar sin problemas sus obligaciones financieras y confiar en su futuro financiero. Es algo que, sin duda, implica a los profesionales del asesoramiento financiero que han de procurar el bienestar y la buena salud de sus clientes facilitando, entre otras cosas, una buena planificación financiera. Publicado por Fernando Zunzunegui en la Revista de Asesores Financieros EFPA.
“Salud financiera” es el estado en el que una persona o pequeña empresa puede gestionar sin problemas sus obligaciones financieras y tener confianza en su futuro financiero, según el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Salud Financiera (UNSGSA). Presupone la gestión cotidiana de las finanzas con capacidad de asumir pérdidas, la capacidad para alcanzar los objetivos financieros, junto a la sensación de seguridad y control de las finanzas. Se basa en la confianza en el sistema financiero. Por esta razón, el Banco de Pagos Internacionales (BIS) la identifica como un elemento esencial para la estabilidad bancaria. En un marco que coloca al cliente en el centro, el éxito depende del bienestar del cliente. La salud financiera es algo más que una tendencia, es un objetivo fundamental para el asesor financiero.
Para lograr la salud financiera, sin duda, necesitamos un nuevo enfoque que combine la regulación, la inclusión y la educación, con el complemento imprescindible de asesores que ayuden a interpretar las complejidades del mercado financiero.
La actualización de 2022 de los principios de protección del consumidor financiero del G20/OCDE introduce el principio transversal del «bienestar financiero». Este principio se refiere a tener el control, sentirse seguro y tener libertad sobre las propias finanzas, basándose en factores objetivos y subjetivos. De hecho, estos elementos son el punto de partida para construir el concepto de «salud financiera».
Las personas se sienten financieramente sanas cuando sus obligaciones financieras suponen un porcentaje bajo de sus ingresos y pueden permitirse las compras necesarias, sin miedo a quedarse sin dinero, por tener una fuente segura de ingresos o disponer de una cantidad adecuada de ahorros. Hay una fuerte correlación entre la salud financiera y la salud mental. La situación financiera puede crear malestar psicológico. Entre nosotros, la fundación FINSALUD ha estudiado el impacto en la salud de los fraudes financieros y tiene proyectos de investigación sobre la salud de los empleados de banca y el derecho al olvido oncológico, que permite el acceso al crédito y a los seguros a quienes han superado la enfermedad.
Como destaca el Informe Letta, buena parte del ahorro de los hogares europeos está en depósitos bancarios. La competitividad de la Unión Europea requiere canalizar el ahorro hacia la economía real. Para lograr este objetivo se necesita mejorar las normas de conducta, facilitar el acceso a inversiones alternativas y mejorar la educación financiera. Pero no basta con la regulación, la digitalización y la formación para incentivar la inversión. Es necesario acompañar al ahorrador, darle la confianza necesaria para que se sienta seguro. Quien puede hacerlo y quien está llamado a hacerlo es el asesor financiero.
Simplificar el marco legal y hacerlo efectivo resulta esencial. Una buena regulación financiera contribuye a la salud financiera. La actuación de la banca en el mejor interés del cliente, el diseño de productos que satisfagan sus intereses Y la oferta adecuada de servicios financieros contribuyen a la satisfacción del cliente, si bien la buena conducta bancaria es una condición necesaria, pero no suficiente para lograr la salud financiera. Según el BIS, las normas de transparencia «pueden tener un impacto limitado si los conocimientos financieros o la confianza son bajos».
Respecto al acceso, el BIS considera que las finanzas abiertas mejoran el control de los consumidores financieros sobre sus datos, con un entorno normativo que fomenta el acceso a nuevos servicios financieros «con soluciones seguras, fiables, integradoras y fáciles de utilizar». Pero tampoco este impulso a la inclusión financiera es una garantía para la salud. Por ejemplo, facilitar el acceso a los criptoactivos puede perjudicar la salud financiera. El acceso debe ir acompañado de un adecuado uso de los productos y servicios financieros.
A su vez, la educación financiera contribuye a la autonomía y al control sobre las finanzas. Pero su eficacia para la salud es controvertida. No está claro que, por sí sola, contribuya a cambiar el comportamiento del cliente, y cuando lo hace, el sesgo de confianza excesiva puede perjudicar la salud financiera. La creciente sofisticación de los fraudes da lugar a que incluso los usuarios más experimentados puedan caer en sus redes. Para lograr la salud financiera necesitamos un enfoque que combine la regulación, la inclusión y la educación, con el asesoramiento financiero.
Función de los asesores
Sin duda, los ahorradores necesitan adquirir una cultura de inversión, pero en mercados con productos cada vez más complejos, el acceso tranquilo, sin estrés, requiere el servicio de un asesor financiero. Así lo considera UNSGSA, para quien el asesoramiento financiero es un elemento imprescindible para la salud financiera. Son los asesores los encargados de analizar el perfil inversor del ahorrador y de recomendarle los productos adecuados. En esta labor, medir la salud financiera no es sencillo. Las mediciones se basan en la autoevaluación de aspectos específicos, como la preocupación por los gastos, la suficiencia de los ahorros para la vejez o la dependencia de los amigos para obtener fondos en caso de emergencia, según el Global Findex del WorldBank, la base de datos que mide el grado de inclusión financiera y el uso de los servicios.
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