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La solvencia del emisor no se ha elevado a causa del contrato (SAP A Coruña 7 junio 2016)

SAP, Civil, sección 5, A Coruña, núm. 190/2016, de 7 de junio de 2016, recurso: 105/2015, Ponente Excmo. Sr. D. Julio Tasende Calvo.

Sinopsis completa en PDF.

“La supuesta creencia o representación de los actores de que estaban comprando las acciones de una sociedad totalmente saneada y solvente, con una proyección de negocio segura y viable, constituye una simple motivación interna que no se ha elevado por voluntad de las partes a la categoría de causa del contrato”

foto_sinopsisLa prueba del dolo en el vicio del consentimiento: “(…) las entidades demandadas impugnan los pronunciamientos de la sentencia apelada que declaran la nulidad de los contratos celebrados (…) por concurrir en ellos dolo causado por las ahora recurrentes al haber ocultado a los demandantes, con finalidad de engaño, datos y circunstancias relevantes sobre la situación patrimonial y contable (…) que, de haberse conocido, les habrían llevado a no suscribir dichos contratos. (…) los vicios del consentimiento contractual de carácter invalidante sólo son apreciables si existe una prueba cumplida de su existencia, (…) puesto que la voluntad se presume libre, consciente y espontáneamente manifestada, representando una presunción “iuris tantum” de la validez del contrato (…). Por lo tanto, cuando esa prueba plena no se alcance habrá de prevalecer el respeto a lo pactado y a la palabra dada, conforme al axioma “pacta sunt servanda”, así como al principio de autonomía de la voluntad negocial o de libertad de pactos (…). (…) el dolo no se presume y ha de ser probado inequívocamente por la parte que lo alega, sin que basten a tal fin las meras conjeturas o indicios (…). (…) la conducta dolosa que vicia el consentimiento y anula el contrato consiste en una acción u omisión intencionada y engañosa dirigida a provocar la declaración contractual de la otra parte, siendo preciso que el engaño haya servido para captar esta voluntad y la haya determinado causalmente (…). (…) el elemento característico y que confiere especificidad al dolo es la conducta insidiosa del agente, no el error del engañado. (…) no basta con que la omisión vulnere el deber precontractual de informar verazmente, sino que es precisa la conciencia de que la ocultación de esta información, por afectar a un elemento esencial del negocio, es la que precisamente induce a la otra parte a celebrar el contrato. (…) no cabe incluir en el dolo omisivo la simple falta de comunicación de datos o noticias que eran de general conocimiento, especialmente asequible para cualificados empresarios con la relevancia y experiencia inversora (…) por lo que no hay en este caso unos deberes legales específicos de información precontractual que permitan configurar tal omisión como una conducta objetivamente dolosa”.

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